Las cosas empeoran

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Estado Actual

Vamos por la mitad de 2022 y los tiempos del encierro parecen ir quedando atrás, sin embargo el pronóstico esperanzador de la post pandemia fracasó y las cosas empeoran ahora, más rápido aún. En alza dan las mediciones de la pobreza y la inflación. Siguen entonces la bronca, el miedo, muchas injusticias y mucha deseperación.

Como suele pasar, se busca alguien a quién culpar, pero quienes señalan con el dedo muchas veces están ocultando su propia responsabilidad, disfrazando de denuncia su propia motivación por hacerse del control que hoy oficia su rival. Quienes denuncian son parte del problema, pero sobretodo, no tienen vocación -ni capacidad- para resolverlo.

Las caras y los nombres vienen cambiando, pero el orden profundo se preserva intocable.

Es en este contexto que la sociedad se percibe como cada vez más dividida, especialmente desde lo que reporta la prensa tradicional. Mientras lo injusto parece casi natural, surgen niveles nunca antes vistos de opulencia, aunque solo exclusivos para una minoría cada vez más pequeña de personas.

Hablamos de desigualdad creciente para la mayor parte de la humanidad.

Son tiempos de transformaciones técnicas gigantescas. Los telescopios alcanzan rincones inpensables hace 10 años, los avances cientìficos en materiales y rindes de producción crecen sostenidamente, el plano digital habilita oportunidades de volver posibles cosas antes imposibles… y sin embargo lo injusto se reitera, se repite, se recrea.

Una receta para el caos

Si cada momento histórico tiene su clima de época, el presente exhibe injusticias absurdas que parecen desafíar toda lógica:

  1. Los niveles de riqueza acumulada son récord, también los de desigualdad.
  2. Se logran milagros médicos y biológicos, pero la expectativa de vida mundial empezó a retroceder.
  3. Se ha vuelto mucho más sencillo publicar y difundir una noticia, pero nadamos en un mar de desinformación y discursos de odio.

Estas injusticias absurdas, hablan de una continuidad histórica de lo injusto, en contradicción con el nivel de transformación universal que caracteriza cada ciclo humano. Esta demora no es casual, es deliberada. Tal vez resultó un accidente en sus origenes, pero en 2022 está sometida a un grado avanzado de diseño y perfeccionamiento. Este diseño parte de estrategias como la RTT.

RTT: Relativizar, Trivializar, Tribalizar.

Relativizar implica negar, omitir o subestima la importancia de factores clave. Lo sólido se pone en duda, a fin de equiparar situaciones incomparables y sembrar dudas sobre posiciones antes certeras. “Siempre que se interviene es para peor” suena mucho mejor que “vamos a dejar todo como está”, especialmente porque la atención se pone en la propuesta adversaria y su veto, no en la ausencia de contrapropuesta de quien se opone.

Se banaliza la profundidad, extensión y complejidad de cada problemática. Así los detalles quedan fuera y la apariencia alcanza para competir, e incluso imperar, frente a abordajes de calidad superior. “No hay progreso sin minería” oculta que existen modelos más sostenibles de minería, y mantiene a la audiencia de la discusión ajena a la posibilidad de enterarse.

Se establecen 2 posiciones incompatibles que alimentan una identificación tribal y un choque constante. “Progreso o Medio Ambiente” lleva inevitablemente a que las personas fijemos una u otra posición desde la identificación emocional con una u otra idea. La tribalización se detecta fácil con la mención de detractores anti, y fanaticos pro. Tribalizar es dicotomizar, generar 2 posiciones extremas y neutralizar una resolución de la tensión entre ambas posiciones.

Ante estos resultados y la aplicación sostenida de la receta de RTT cabe preguntarse:

¿Qué le pasó a las instituciones que defendian la democracia?

Se volvieron habitantes en una intrincada arquitectura diseñada especialmente para resistir su propia transformación. Detrás de técnicas y estrategemas está la resistencia al cambio. Dejar que algunas cosas cambien para que no cambie nada, para que todo siga mayormente igual.

Comprender la situación es fundamental, pero no alcanza. Algo hay qué hacer.

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