A 50 años del golpe de Estado de 1976, la memoria no es un simple ejercicio de conmemoración. Además de recordar el horror del terrorismo de Estado, es fundamental comprender el entramado económico e institucional que lo hizo posible y lo motivó. La memoria es, aquí y ahora, un instrumento presente para refundar hacia el futuro.
La democracia argentina, recuperada con fragilidad en 1983, no puede evaluarse solo por la continuidad de las elecciones. Su calidad real depende del ejercicio efectivo de los derechos, de la capacidad del Estado para garantizarlos y de la participación y vigilancia ciudadana constante. En este sentido, nuestro país enfrenta aún deudas estructurales que no podemos ignorar.
Más allá de bandos e internas
El esquema partidista actual ha mostrado sus límites para resolver problemas complejos. Reducir la vida pública a un enfrentamiento constante entre malos y peores no amplía derechos: los fragmenta y los usa como herramientas de especulación electoral. Superar esta lógica no significa negar la política, sino refundar sus bases para pasar de la «guerra de discursos» a la construcción de mejores condiciones de vida para todos y todas. Un partido es un instrumento más en la construcción democrática, nunca su fin.
Democracia refundada como un ecosistema de 8 garantías
Proponemos entender la democracia como un tejido de derechos interdependientes. Para avanzar, es necesario primero fortalecer cada una de estas dimensiones:
- Ambiental: No hay desarrollo posible sin un ambiente sano. Durante la dictadura se desmantelaron controles y se promovieron negocios extractivos sin evaluar el daño social ni sanitario. Hacia adelante: Necesitamos evaluaciones de impacto independientes, audiencias públicas vinculantes y una planificación territorial que priorice la adaptación climática, los costos de remediación y la restauración ecosistémica, especialmente tras fenomenos como sequias, temporales, incendios e inundaciones.
- Sanitaria: La salud excede al sistema médico; depende de condiciones ambientales y materiales. En los años 70, el sistema público sufrió una desinversión que profundizó la desigualdad. Hacia adelante: Integrar los sistemas de salud con miras a un sistema único con foco en la prevención, fortaleciendo la atención primaria y empleando datos abiertos bajo un enfoque social y no punitivo.
- Judicial: Sin acceso real a la justicia, los derechos son solo declaraciones. El régimen de facto usó los tribunales para perseguir, dejando una herencia de prácticas regresivas desarrolladas junto a civiles de la Comisión de Asesoramiento Legislativo (CAL). Hacia adelante: Independencia real, procesos ágiles, patrocinios accesibles y la revisión de todas las normas heredadas que contradigan los derechos humanos y el interés público nacional.
- Mediática e informacional: En el pasado, los medios funcionaron como herramientas de propaganda, adoctrinamiento, difamación y censura. Hoy, la calidad democrática requiere pluralidad. Hacia adelante: Fomentar la comunicación comunitaria, establecer reglas transparentes para la pauta oficial y fortalecer la alfabetización mediática para que la ciudadanía pueda evaluar críticamente la calidad y diversidad de la información mediática.
- Digital: Las infraestructuras tecnológicas hoy condicionan nuestra autonomía. La lógica de control y opacidad de aquel pasado encuentra hoy su eco en arquitecturas digitales concentradas y en manos extranjeras. Hacia adelante: Soberanía digital (software y estándares abiertos), protección de la privacidad, recuperación, reparación y reutilización de harware y formación crítica con alfabetización digital para un uso productivo y saludable de la tecnología.
- Educativa: La educación fue blanco directo del disciplinamiento autoritario: censura de contenidos, quema de libros y persecución sistemática a docentes y estudiantes para clausurar el pensamiento crítico y la movilidad social. Hacia adelante: La escuela pública debe ser el motor de las alfabetizaciones estratégicas (digital-mediática, sanitario-ambiental y ciudadana). El desafío es garantizar una formación con sueldos dignos que fomente la producción de conocimiento libre, el uso crítico de las nuevas tecnologías y la capacidad de los jóvenes para intervenir activamente en las problemáticas de sus propios territorios.
- Laboral: La justicia social solo es posible con salarios dignos y derechos protegidos. La dictadura atacó el corazón de la organización obrera para desarticular el poder de negociación de los trabajadores; mediante el terror, la desaparición física, la persecución sindical, el congelamiento de salarios y la inflación, destruyeron la participación histórica del 50% de los asalariados en el producto bruto nacional. En tan solo 3 años la redujeron al 29%. Hacia adelante: En una era de automatización extrema, es urgente defender la dignidad del trabajo. Esto implica garantizar que el aumento de la productividad tecnológica se redistribuya de manera justa, asegurar la formación estratégica continua, restaurar la capacidad industrial de pymes, cooperativas y grandes empresas competitivas, creando nuevas protecciones legales frente a la precarización de las plataformas monopólicas.
- Participativa: La democracia exige incidencia ciudadana permanente. La dictadura promovió el «no te metas». Hacia adelante: Crear mecanismos como presupuestos participativos que brinden mayor control social sobre la gestión y canales institucionales de comunicación y cogobierno para que la sociedad civil y la comunidad organizada direccionen las políticas públicas.
Memoria activa y deuda vigente
La memoria también reclama una respuesta a heridas que siguen abiertas a 50 años del golpe:
- Identidad: La búsqueda de los más de 350 nietos y nietas apropiados que aún no conocen su identidad biológica.
- Justicia integral: El juicio y castigo a los autores materiales e intelectuales de crímenes de lesa humanidad, incluyendo a los sectores eclesiásticos, civiles, empresarios y militares.
- Apertura de los archivos: Causa histórica del movimiento de memoria, verdad y justicia.
- Soberanía económica: La revisión del proceso de endeudamiento externo y la estatización de la deuda privada que, en complicidad con grupos económicos concentrados nacionales y extranjeros, se multiplicó escandalosamente durante la dictadura más de ocho veces.
Este proceso no es cosa del pasado; sino el camino a una gradual restitución de derechos y reconstrucción de la verdad para la restauración de nuestra capacidad como nación, con un territorio, clima y recursos estratégicos privilegiados.
Innovación comunitaria como método
Frente a la complejidad de los problemas actuales, el diagnóstico no alcanza. Necesitamos acción organizada que incluya:
- Diseño de soluciones locales con actores diversos.
- Articulación real entre el Estado y las organizaciones civiles.
- Producción de conocimiento libre y recursos educativos abiertos.
- Evaluación y comunicación constante de los resultados.
La innovación que buscamos no es solo tecnológica; es, fundamentalmente comunitaria. Se trata de integrar saberes, acciones y territorios para la maximizaciones y ejercicio de derechos.
Hipótesis de trabajo
Si la democracia del siglo XX se enfocó en la representación, la del siglo XXI debe enfocarse en la garantía efectiva de derechos. Esto requiere fortalecer las instituciones públicas, transparentar la gestión y construir participación mucho más allá del voto cada dos años. Sostener la memoria es uno de los criterios fundamental para construir una Argentina de excelencia.
A 50 años del golpe, el riesgo no existe únicamente en el peligro de reiterar la historia en sus formas más extremas, sino en la naturalización del desgaste progresivo de la democracia.
La memoria establece el límite. Los derechos definen el marco. La acción colectiva consolida el resultado.
No hay división entre pasado y futuro. Se trata de activar la memoria en el presente para alcanzar esa democracia que todavía les debemos a cada generación que llega.
30.000 compañeros detenidos desaparecidos presentes, ¡ahora y siempre!

